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DISFRUTA

¿Te atreves a disfrutar tu vida? El camino muchas veces es complicado, pero nuestra actitud es la que marca cómo lo vivimos. Cuando se disfruta el camino no hay esfuerzo, sino un disfrute de cada paso.
La consecución de una meta dura un momento infinitamente pequeño, ¿cuánto dura el tiempo en que un corredor cruza la meta?,   lo que realmente dura tiempo es el camino hacia esas metas, alcanzar la meta es un pequeño instante, tal vez unos segundos, después la meta queda atrás y vienen otras. Siempre habrá metas, siempre habrá caminos, la manera de llegar a esas metas y de recorrer esos caminos es lo que nos dará riqueza en nuestra existencia, más incluso que alcanzar una meta, ya que ésta puede llegar muy tarde en nuestra vida o incluso no llegar nunca, mientras que el camino hacia ella estará presente en todo el trayecto, por eso disfruta tu vida, disfruta el camino hasta tus metas.

 

VUELA

No tengas miedo y ¡vuela! Vuela con la inocencia de un niño, con la locura del que busca su libertad y rompe las cadenas del silencio gritando a los cuatro vientos esa palabra que te lleva a empezar el primer kilómetro de ese reto, un sueño que dará color a esa existencia llena de tristeza.

Fabula del Águila-Gallina: Un hombre encontró en el bosque un polluelo de águila caído del nido. Lo llevó a su casa, y lo crio en el corral entre las gallinas, patos y pavos, como si fuera una de esas aves. Pasaron cinco años. Un día un zoólogo llegó a la casa del hombre y visitó el corral.
¡Hombre! -le dijo al dueño- ¿Qué hace allí esa águila entre las gallinas? -No es águila— respondió el hombre, ¡es gallina! Es verdad que cuando la encontré era águila, pero la he criado entre las gallinas y aunque sus alas miden 2 metros, jamás podrá volar. ¡Ya no es más que una gallina!
-Pues no— replicó el zoólogo, todavía tiene el corazón de águila, y yo la haré volar algún día. Convinieron entonces que en cierto momento, el zoólogo haría la prueba. Tomando este al águila la sacó del corral, la llevó al aire libre y le dijo ¡Águila, no lo olvides! Eres un águila, no una gallina. Perteneces al cielo, y no a la tierra. Tienes esas alas para volar. ¡Extiéndelas, y vuela!
Pero el águila no hizo caso. Volvió corriendo al corral, a meterse entre las gallinas. –Te dije que era gallina…—comentó riendo el dueño. ¡Pues, ya verás! ¡Ya verás que es águila! repuso el zoólogo.
Día tras día, con paciencia infinita, el zoólogo repetía el experimento y la exhortación. Tímidamente al principio, y con más resolución después, el águila comenzó a extender y mover sus poderosas alas. Un día, al salir el sol, el águila miró de frente su deslumbradora luz. Se estremeció de patas a cabeza como si un choque eléctrico la sacudiera. Alzó la cabeza, brillaron sus penetrantes ojos, extendió sus alas magníficas, y al fin voló, arriba, más arriba, siempre arriba, hasta perderse en el esplendoroso azul. Era, en efecto un águila.

Somos como el águila criados entre gallinas, tenemos alas para volar a las alturas, pero nosotros las mantenemos plegadas, nuestras creencias, nuestra educación y nuestros límites nos mantienen como gallinas y nos conformamos con cloquear y comer granillos del suelo.

¡Atrévete a Volar!

ACUERDA

¡Acuerda! Aprende a negociar de manera asertiva y alcanza acuerdos positivos para ambas partes.
Comprende y acepta  otras posiciones, desde este nuevo escenario que también representa un elemento positivo encuentra logros comunes. En cualquier negociación ambas partes necesitan satisfacer un beneficio o necesidad.
Existen dos tipos de negociación. El ganar-perder, en la que se trata de que la otra persona pierda algo para que lo ganemos nosotros y el ganar-ganar, en la que las dos partes llegan a un acuerdo para ganar algo, posiblemente ambas tengan que ceder en algo pero siempre tendrán algún beneficio. Esta es la mejor forma de negociar, ganar-ganar es la más respetuosa para ambas partes y la que genera más beneficios para el bien de las personas, mientras que en ganar-perder, el sentimiento amargo de la parte que ha perdido algo, hace que al cabo del tiempo, los acuerdos terminen rompiéndose.

Ensaya siempre antes de cualquier negociación y reflexiona sobre los siguientes puntos:

  1. La posición de poder en la que te encuentras. Has de saber en todo momento si jerárquicamente estas por encima, por debajo o igual.
  2. Objetivo. Tener claro qué es lo que quieres conseguir en esta negociación. ¿Qué quieres? ¿Qué necesitas? ¿Qué deseas conseguir? Da igual si es justo o no, si te lo mereces o no, solo se tratar de tener claro lo que quieres.
  3. ¿A qué estás dispuesto a renunciar? A veces para recibir también hay que dar, por tanto tienes que tener siempre presente que cosas puedes perder o a que cosas puedes renunciar para ganar lo que deseas. También puedes ofrecer cosas para que la otra persona entre a negociar lo que estás buscando.
  4. ¿Que no estás dispuesto a renunciar? Este punto es muy importante. A veces tienes que plantarte en una negociación porque no quieres renunciar a lo que la otra persona te propone. En ese caso has de ser muy firme y serio, dejar muy clara tu postura porque de lo contrario puede que pierdas esto también. Por eso es muy importante tenerlo en cuenta.  Es muy importante porque si aceptas alguna cosa que no estabas dispuesto a renunciar posiblemente en un futuro te vas a sentir muy mal contigo mism@ por aceptarlo. Es decir, debes saber decir: NO.
  5. ¿Para qué quieres conseguir eso? El “para qué” es lo más importante siempre de los objetivos, siempre hay un “para qué”. Si no existe un “para qué”, o no crees saberlo, tienes las de perder en la negociación. Visualízalo, siéntelo, hazlo tuyo.
  6. Cree en ti mismo. Tú puedes conseguirlo. Un ejercicio que puedes hacer es repetirte alguna frase o alguna palabra que te dé seguridad y te motive delante del espejo. La seguridad en que lo vas a conseguir es lo más importante. ¿Por qué has de estar tan seguro a pesar de que quepa la posibilidad de que no lo consigas? Pues porque si tú mismo dudas en algún momento se lo vas a transmitir a los demás y tu mensaje va a ser más dubitativo. Has de tener presente que esa vía de la negociación es la única y que tienes que conseguirlo. Solo así podrás transmitirle a la otra persona seguridad.

Entonces ya con todo esto solo necesitas práctica. ¿Y si no lo consigues? Siempre es bueno tener un plan B, pero siempre pensando que hay que acudir a él SOLO cuando se ha agotado el plan A.

De cualquier modo, el NO, no lo tienes: ¡HAY QUE GANÁRSELO!